Empañados los labios de mis pupilas
con el frío de mis entrañas
y viento de añoranzas...
Acurrucado, yo,
con las rodillas en mi mentón enmohecido
y una acústica sinfonía letal
en las paredes de mis oídos.
Invierno.
Invierno sin hojas
y árboles amorfos de mi vidrio empañado,
invierno con lágrimas congeladas
dentro de mis lagrimales titilantes
que se niegan
vírgenes
a rodar por mis poros...
Este infinito,
con esta sombra gris
que me enmarca
encuadrándome en conductas
apropiadas...
Y mi divagante mente
reconstruyendo
deconstruyendo
inconstruyendo
yendo
endo
como un gerundio perpetuo
que nunca resbala en verbo.
Yo juzgado.
Yo inocente
con los antros culpables...
En Molino de Tierra, Fondo Editorial Rionegrino EUDEBA, 1987.
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